Capítulo 100. La cuenta de la sangre.
El helicóptero aterrizó en el tejado de la clínica privada con un impacto duro.
Las puertas corredizas se abrieron de golpe. El viento de las aspas azotó el helipuerto. Un equipo de médicos y enfermeros corrió hacia la aeronave empujando una camilla rodante.
Arturo saltó primero. Tenía la camisa empapada en sangre seca y el rostro cubierto de hollín.
—¡Tiene una herida de bala en el costado derecho! —rugió Arturo por encima del ruido del motor, empujando la camilla hacia la puerta del helicópte