Capítulo 12 —Desborde en el penhouse El primer destello del amanecer se filtró por las rendijas del ventanal, cortando la penumbra del dormitorio principal con una línea dorada que fue a morir directamente sobre la cama. Dante abrió los ojos de golpe, con el instinto de alerta siempre encendido, pero no se movió. No pudo. El peso de la noche anterior todavía se sentía en la quietud de la habitación, y el calor masivo que lo rodeaba lo obligó a clavar la vista en el espacio junto a él.En algún momento de la madrugada, Ivanka se había dado la vuelta. Ya no le daba la espalda ni se escondía en el borde del colchón; ahora estaba de frente a él, completamente entregada al sueño. Su rostro, que durante el día era un mapa de tensión y desconfianza, se veía milagrosamente liso, pacífico. Tenía las manos juntas cerca de la barbilla y la respiración le salía en un suspiro rítmico, tibio, que rozaba el pecho de Dante.Dante se quedó estático, apoyado sobre un codo, simplemente observándola. Le
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