El golpe de la puerta al cerrarse resonó en la sala de reuniones como un disparo. Los abogados intercambiaron miradas incómodas, recogiendo sus pertenencias con una rapidez que delataba su deseo de escapar de aquella escena.Yo seguía de pie, viendo la escena. Lysandra acababa de irrumpir en la sala donde habíamos firmado el contrato, gritando, acusando, amenazando. Y Rowan, con una frialdad que me heló la sangre, la había puesto en su lugar.—Vanesa. —La voz de Rowan me devolvió a la realidad. Estaba frente a mí, con los ojos verdes fijos en los míos—. ¿Estás bien?—No lo sé —respondí, con sinceridad—. Esto ha sido... demasiado.Rowan asintió, y por un instante, vi algo parecido a la culpa en su expresión.—Lo siento. No deberías haber presenciado eso.—No tienes que disculparte. —Apreté los puños, intentando controlar el temblor de mis manos—. Sabía que esto pasaría. Sabía que Lysandra reaccionaría así.—Lo sé. Pero aun así, lamento que hayas tenido que verla en ese estado.Los abog
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