CAPÍTULO 40: EL CIERRE DEL CONTRATO... Y EL INICIO DE ALGO MÁS
Los días siguientes a la visita de Lysandra transcurrieron en una calma tensa. Rowan pasaba más tiempo en la mansión, retrasando sus salidas a la torre y adelantando sus regresos. A veces, cuando creía que no lo miraba, lo veía observarme con una intensidad que me hacía olvidar que todo era un contrato.La rutina se había vuelto cómoda. Demasiado cómoda.Por las mañanas, desayunábamos juntos. Los niños reían, peleaban por los cereales, y Rowan intentaba leer el periódico mientras Alessandro le tiraba migas de pan. Por las tardes, jugábamos en el jardín o veíamos películas en el salón. Y por las noches, después de acostar a los niños, nos sentábamos en la terraza a hablar de cosas sin importancia.Pero cada vez que nuestras miradas se encontraban, sentía que el aire se volvía más denso. Como si hubiera algo entre nosotros que ninguno de los dos se atrevía a nombrar.Esa noche, después de una cena tranquila, los niños se habían dormido temprano. Rowan y yo estábamos en la cocina, recogi
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