—¿Desde hace años? —repitió Rowan, con la voz tensa de nuevo, aunque esta vez el enojo parecía dirigirse más a sí mismo que a nuestros hijos—. Alessandro, ¿tú sabías todo esto y jamás dijiste nada?—Papá, no me mires así. —Alessandro se cruzó de brazos, pero no bajó la vista—. No lo hice para mentirles. Lo hice porque Eric me lo pidió, y porque entendí por qué.—Explícame eso, porque ahora mismo no lo entiendo en absoluto.Alessandro suspiró y se sentó en el brazo del sofá, cerca de su hermano, como reafirmando de qué lado estaba sin necesidad de decirlo.—Hace como cuatro años, encontré a Eric llorando en el jardín secreto, cerca de la flor de la abuela Elena. Nunca lo había visto así. Me contó que le había escrito una carta a Lysandra, solo para preguntarle por qué. Por qué había hecho lo que hizo. Y que ella le había respondido.—¿Y no pensaste en decírnoslo? —pregunté, aunque ya no había reproche en mi voz, solo cansancio.—Lo pensé todos los días, mamá. Pero Eric me hizo prometer
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