CAPÍTULO 26: LA MARCA DE LA UNIÓNKRULEl regreso de las aguas termales es un viaje de sombras y silencio. El calor del lago todavía late bajo mi piel, pero el aire de los niveles superiores de Vargheim, cargado de ese olor metálico a piedra vieja y aceite de antorcha, me devuelve de golpe a la realidad de mi mando. Camino al lado de Leyla y, aunque no la toco, la siento. El vínculo que nos une, ese lazo que hasta hace poco era un susurro confuso, ahora vibra con la intensidad de una cuerda de arco tensada al máximo. Puedo sentir su rabia, un fuego oscuro y denso que se alimenta de la traición de su padre, y esa furia me atrae más que cualquier sumisión. Ella está cambiando; la fragilidad se está evaporando para dejar paso a algo mucho más afilado.Al entrar en mi cámara, el ambiente se siente pesado, casi eléctrico. No me dirijo a la cama ni a los mapas de guerra que cubren la mesa de roble. Me detengo frente al pequeño altar de piedra en el rincón más sombrío de la estancia. Aquí
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