Brasil era un país totalmente diferente a todo lo que Amália conocía. Descubrir una nueva cultura la llenó de entusiasmo. Durante los primeros dos meses que pasó allí, se dedicó exclusivamente a estudiar el mercado y sus oportunidades para encontrar el negocio perfecto. Alquiló un apartamento en Barra da Tijuca, en Río de Janeiro, y pasaba horas frente al ordenador investigando tendencias, analizando el mercado de la moda brasileña y explorando nuevas posibilidades. Estaba tan ocupada que no tenía tiempo para conocer la ciudad ni hacer amigos. Además, todavía no dominaba el idioma, por lo que relacionarse con otras personas parecía algo lejano. La única persona con la que mantenía contacto frecuente era João Gomes, un profesor de portugués que acudía tres veces por semana para darle clases particulares.João era alto, de piel bronceada y barba siempre perfectamente recortada. Aunque usaba gafas, no tenía apariencia de intelectual; por el contrario, era un hombre atractivo y agradable,
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