Después de que Filipo salió de casa, Amália decidió llamar a Lisa. Aunque ambas habían quedado en salir recién el fin de semana siguiente, ella quería hacer algo fuera de casa, ya que estaba cansada de permanecer encerrada.—Hola, Lisa, ¿qué estás haciendo de bueno? —preguntó por teléfono.—Nada, solo estoy en casa con los pies en alto, disfrutando de nuestras vacaciones.—¿Qué te parece si salimos a hacer algo? Tengo muchas ganas de comer algo diferente, ¿qué dices?—No sé, esta semana estoy sin dinero. ¿Qué tal si hacemos otra cosa?—No te preocupes por el dinero, yo te estoy invitando.—No quiero parecer la amiga que sale contigo por interés. Sé que eres millonaria, ¡pero no me gusta aprovecharme de eso!—Ay, no digas eso. No te preocupes, arréglate, que paso a buscarte ahora mismo.—Está bien, pero ya que vas a venir, sube a mi apartamento. Quiero mostrarte algo.—¿Qué cosa?—Mis nuevos dibujos. Sería bueno escuchar alguna sugerencia tuya.—Perfecto, ¡llego enseguida!Amália le pi
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