Cuatrocientos diez años después de aquella noche legendaria.El Valle de la Manzana se había convertido en el pulso mismo del mundo. Los árboles dorados cubrían vastas extensiones de tierra, formando un tapiz vivo que se podía ver desde el espacio. Sus raíces conectaban continentes enteros y sus frutos se habían convertido en símbolos universales de coraje y libertad. El bosque ya no pertenecía solo a una familia, sino a toda la humanidad.Lira XXXII, de treinta y seis años, estaba de pie en la cima de la Torre del Horizonte, una estructura construida con madera dorada y cristal que se elevaba sobre el Bosque Ancestral. Su cabello negro caía en ondas salvajes hasta la cintura, y sus ojos brillaban con el mismo fuego plateado-dorado que había definido a todas las Liras anteriores. A su lado estaba su pareja, Ren V, de treinta y ocho años, y su hijo menor, Kael XVIII, de diecisiete años.—Cuatrocientos diez años —susurró Lira XXXII, sintiendo la brisa cálida en su rostro—. Y el bosque s
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