Cuando Isabela entró a la churrasquería, sus pasos vacilaron por un segundo. La escena era improbable: una mesa llena donde, además de Johan y Killian, estaban Maison y la pequeña Nina.No necesitó mucho esfuerzo para deducir que Nina había sido el motor de aquel encuentro, pero el hecho de que Killian hubiera cedido la dirección todavía era un misterio que pretendía investigar más tarde. El mayor impacto, sin embargo, era la presencia de Maison. El hombre que siempre había detestado los ambientes con olores fuertes y humo de grasa estaba allí, impávido. ¿Acaso habría sido "entrenado" por Catarina para ser más flexible, o el motivo era otro?En cuanto Nina vio a Isabela, una sonrisa radiante iluminó su rostro:—¡Tía Isabela! Te guardamos el lugar perfecto, ¡siéntate aquí! —señaló la silla que estaba justo enfrente de Killian.Al ser un grupo de cinco personas, la distribución de la mesa quedó apretada, forzando a Johan a acomodarse en la esquina, junto al pasillo. Sintiéndose un poco
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