CAPÍTULO 11—Estás nerviosa, Camila —afirma. No es una pregunta, es una observación cargada de una satisfacción oscura—. ¿Por qué? ¿Es porque estamos solas? ¿O es porque te diste cuenta de que Julian no podría ni siquiera imaginar cómo tocar estos papeles y mucho menos a ti?El nombre de Julian actúa como un recordatorio de su furia de esta tarde. Me giro un poco para mirarla y es un error. Nuestros rostros están a escasos centímetros; puedo ver el azul infinito de su iris, la pequeña cicatriz en su ceja y la humedad en sus labios entreabiertos.—Señora Murphy, yo solo... solo quiero hacer bien mi trabajo. No estoy pensando en nada ni en nadie —logro decir, aunque mi voz es un hilo traicionero.—Tu trabajo es complacerme —me dice ella, y la palabra complacer se queda vibrando en el aire con un significado que va mucho más allá de lo laboral—. Y ahora mismo me complacería saber qué estás pensando. Porque tus ojos dicen una cosa, pero tu cuerpo... tu cuerpo está gritando otra muy dis
Leer más