Capítulo 72Sentí que el corazón se me detenía cuando Daniel dijo que pelearía por la custodia de mis hijos, con esa rabia que parecía que le devoraba el alma.Durante dos años había sido yo quien los había cuidado, quien se había despertado en las noches cuando lloraban y quien había estado presente en cada enfermedad, cada miedo y cada paso.—No te lo perdonaría jamás —le dije con la voz temblorosa, pero sin apartar la mirada sintiendo como los ojos de llenaban de lágrimas —. Puedes estar enojado conmigo, puedes odiarme si quieres, pero no tienes derecho a quitarme a mis hijos.Daniel apretó la mandíbula. Sus ojos estaban llenos de rabia y dolor, como si cada palabra que me dirigía también lo lastimara a él.No podía decirle la verdad aún, que para mí, el me había dejado con los bebés pero si tenía que decirle eso, sin importar si terminaba en un psiquiatrico, lo haría.—Tú te burlaste de mí, Catalina —respondió con frialdad, dando un paso hacia mí—. Me viste confundido, me escuchas
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