Capítulo 73
Durante unos segundos no pude reaccionar. Se veía mucho más delgada, débil y pálida, pero era ella, mi amiga, mi hermana.
—Catalina —susurró con la voz quebrada antes de abrazarme con todas sus fuerzas.
La rodeé con los brazos y empecé a llorar. Había pasado años creyendo que estaba muerta, imaginando que nunca volvería a verla, que mi amiga a la que más amaba estaba desaparecida.
—Estás viva —repetí mientras acariciaba su cabello—. Dios mío, Lucía, estás viva.
Ella asintió contra m