Capítulo 76
Mis manos temblaban tanto que tuve que marcar el número de Daniel dos veces. Lucía seguía llorando en la sala mientras uno de los empleados intentaba abrir la puerta de la habitación donde habían encerrado a Rodrigo.
Cuando Daniel respondió, no perdí tiempo en explicaciones innecesarias. Apenas escuché su voz, sentí que el miedo me cerraba la garganta.
—Se llevaron a nuestro bebé —le dije con la respiración cortada mientras caminaba de un lado a otro—. Entraron a la casa, amarraron