Arabella se marchó conduciendo. Dejó a Adrian solo en mitad de la pista de patinaje vacía.No fue a la oficina. Fue a casa de Vera, el único lugar seguro que le quedaba.Vera estaba vestida para el trabajo, con los tacones puestos y las llaves en la mano, pero aún no había salido. Arabella se desplomó en el sofá, cubriéndose los ojos hinchados con las manos.Vera lo soltó todo. Se sentó a su lado y la atrajo hacia ella.—¿Qué pasó? ¿Te lastimó? ¿Estás bien?Arabella sacudió la cabeza, rodeó a Vera con sus brazos, hundió el rostro en su hombro y rompió a llorar. Durante tres minutos completos, Vera solo la sostuvo. No hizo preguntas; se limitó a frotarle la espalda con círculos lentos.Después de un rato, los sollozos se calmaron. Arabella se apartó, limpiándose la cara.—Pensé que estaba lista. —Su voz se quebró—. Pensé que verlo ya no me afectaría. —Se restregó los ojos con brusquedad—. Pero últimamente no dejo de pensar... que tal vez no debí regresar. Tal vez debí quedarme lejos. Q
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