Arabella apenas durmió. Se dio vueltas en la cama, miró al techo y pasó la noche diseñando estrategias.Detenerse no era una opción. Le había quitado a Serena su poder en la oficina; ahora necesitaba asegurarse de que nunca se recuperara. Serena era una abogada hábil y, si jugaba bien sus cartas, el caso podría no ver jamás un tribunal ni llegar al colegio de abogados. Eso no era suficiente. El objetivo era la destrucción pública, la ruina profesional completa y absoluta. Tendría que hacer algo, no le quedaba opción.Sin embargo, al despuntar el alba, el agotamiento finalmente ganó la batalla y se quedó dormida.Se despertó pasadas las nueve. Fin de semana: Axel no tenía escuela y probablemente ya habría desayunado. Necesitaba reunirse con Chadwick para trazar el plan, pues «pausar» no era una palabra que figurara en su vocabulario.Abajo, algo estaba sucediendo. Tres empleadas se agolpaban junto a la puerta de la cocina, susurrando y riéndose entre dientes.Arabella se acercó.—¿Qué
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