Capítulo 31. Un paso sin elección
—Luca, por favor… resiste por tu hermana.La voz de Aletta estaba ronca, casi perdida entre sollozos. Sus manos temblorosas aferraban los dedos de Luca, fríos como el hielo.En la tenue sala de la UCI, el sonido del monitor cardíaco resultaba ensordecedor. El ritmo era inestable, y para ella, cada latido parecía una cuenta regresiva de la vida de su hermano menor.Apenas hacía unos minutos, había bajado del taxi jadeando, dejando atrás al conductor, aún petrificado al borde de la calle, después de que Aletta le pagara el doble con tal de llegar en cuestión de minutos. Su único enfoque era la entrada de urgencias. No se dio cuenta de que, tras la curva de la calle, un sedán negro de Adrian llevaba tiempo estacionado en silencio. El hombre ya estaba allí, esperando como un depredador que deja a su presa correr hacia su guarida… solo para acorralarla después.Aletta secó la frente de Luca, empapada de sudor frío. En la oficina había logrado mostrarse dura como el acero, pero aquí, junto
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