Capítulo 27. Descubiertos
—¿¡Explícate!?Anderson estaba de pie allí, con la mirada clavada en la pantalla del monitor hasta el punto de que el médico sentía que podía morir solo por esa mirada.El doctor sudaba frío; la mano con la que sostenía la sonda del escáner temblaba violentamente, la punta metálica chocó contra el borde del monitor, y un sonido áspero y torpe rompió el silencio de la habitación.En la pantalla, aquel latido resonaba. Demasiado real para un secreto que se suponía ya estaba enterrado.—Yo... yo cometí un error, señor —susurró el médico, con la voz quebrada.No se atrevía en absoluto a mirar a Anderson; sus ojos permanecían fijos en el suelo, bajo sus propios zapatos.Anderson avanzó un paso, lo suficiente para que el médico percibiera el aroma masculino y amenazante que emanaba de él.—¿Un error? —repitió Anderson, con un siseo bajo que encogió el valor del médico—.—Dímelo ahora, antes de que no puedas salir de aquí.Anderson dio otro paso, con la mirada cargada de intimidación.—¿Un e
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