Capítulo 39. Farsa sobre la tempestad
—Si quieres sobrevivir en esta casa, aprende a leer la dirección de mis ojos, Aletta. ¡No te limites a escuchar mis labios, que tienen afición por mentir! —dijo Adrian en voz baja, pero el efecto fue como un golpe directo al pecho de Aletta.
Aletta no reaccionó de inmediato. Dejó los párpados medio entornados, fingiendo que el efecto del sedante ya había arrastrado su conciencia hasta el fondo del océano.
Reguló su respiración con precisión, demasiado calmada para alguien cuyo corazón latía des