Capítulo 11. Un beso que cruza los límites
—¿A qué se refiere… señor Adrian? —preguntó Aletta, con la voz ligeramente temblorosa.Todo su cuerpo se puso rígido. El latido de su corazón retumbaba con fuerza, presionando su pecho hasta dificultarle la respiración. Sus manos, apoyadas sobre el pecho de Adrian, se aferraron de pronto a la camisa del hombre, intentando empujarlo lejos.En lugar de responder, Adrian esbozó una sonrisa ladeada. Su mirada se ensombreció, oscurecida por algo peligroso. Su agarre en la cintura de Aletta se tensó aún más, implacable.Con un movimiento brusco, acercó sus cuerpos. Completamente juntos, hasta que Aletta pudo sentir el calor que emanaba desde debajo de la camisa de satén de su jefe.—Eres muy buena actuando frente a mi abuelo, Aletta —susurró Adrian, inclinando el rostro; su aliento rozó la piel de la mejilla de ella—. Pero mi toque esta noche… lo disfrutaste, ¿verdad?Aletta giró el rostro de inmediato, negándose a ceder ante aquella mirada.—Solo estoy cumpliendo con mi trabajo. Tal como e
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