Capítulo 30. Quemar los puentes
—Suelta ese documento, Adrian. O mañana por la mañana, toda la junta directiva lo leerá en la portada del periódico financiero.
La voz de Aletta rompió el silencio del despacho; ni siquiera la baja temperatura del aire acondicionado lograba enfriar la tensión que se extendía entre ellos.
Aletta permanecía erguida, con las manos aferradas al borde del escritorio de caoba. Ya no quedaba rastro del temblor ni de la mirada temerosa que Adrian solía encontrar en los ojos de su esposa.
Adrian retiró