—Me aseguraré de hacer de tu vida un infierno, Elly. Ni siquiera ese mocoso escapará dari mis manos —sentenció Erick. Su voz era baja, casi un susurro, pero iba cargada de una amenaza mortal. Sus ojos parecían querer perforar la fotografía, despellejando el rostro de aquel niño inocente yang lo hacía sentirse tan traicionado.
Matthew, quien había acompañado a Erick durante años, sintió que se le erizaba la piel. Conocía esa mirada; era la de un depredador que ya tenía fija a su presa. Para evit