En la lujosa y silenciosa habitación de su hotel, Erick permaneció en absoluto silencio. Su mirada estaba vacía, fija en el pequeño frasco de antidepresivos que descansaba sobre la mesa de noche: ese objeto se había convertido en su "segunda alma" durante los últimos cinco años.
Erick recostó la cabeza contra el respaldo del sofá y cerró los ojos con fuerza. Sin embargo, la oscuridad tras sus párpados lo arrastró de vuelta al momento más oscuro de su vida, cuando su cordura se hizo pedazos.
Recu