Los pasos de Lyn Aiko se detuvieron en seco sobre la grava fría del parque. La brisa otoñal volvió a soplar con suavidad, arrastrando varias hojas secas de arce a su alrededor. Sin embargo, no era el frío lo que había inmovilizado su cuerpo de generosas curvas, sino la figura de un hombre alto, de cabello castaño claro, que permanecía inmóvil a escasos metros de ella.—¿Elyn...?Aquel llamado sonó vacilante, rompiendo el silencio que reinaba entre el suave murmullo del viento parisino. El hombre se frotó los ojos durante un instante, como si quisiera asegurarse de que la mujer de figura voluptuosa, envuelta en un vestido de punto color lila y un abrigo beige, no fuera un espejismo.—¿Michael...? —murmuró Lyn con un hilo de voz, mientras sus grandes ojos se abrían de par en par al reconocer a quien había sido el gran amor de su pasado.Michael, el hombre que había ocupado un capítulo importante de su vida antes de que la tormenta del clan Moreno lo destruyera todo, acortó rápidamente l
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