El aire otoñal de París se volvía cada día más penetrante, calando hasta los huesos. Sin embargo, el firme rechazo de Lyn Aiko la noche anterior no había logrado apagar el fuego que ardía en el pecho de Michael. El hombre de porte erguido no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente. Para él, la huida de Lyn de Nueva York era una oportunidad que el destino le había concedido para recuperar a la mujer que una vez dejó escapar bajo la sombra del clan Moreno.
Aquella mañana, unos golpes suaves y