Los grandes ojos de Elyn seguían contemplando, completamente atónitos, la sincera expresión reflejada en el demacrado y apuesto rostro de Dave. Su pecho subía y bajaba con un ritmo constante, incapaz de acompasar la incredulidad que la invadía. Al percibir que la duda seguía apoderándose del delicado semblante de la mujer frente a él, Dave Moreno apretó con más fuerza su gran mano alrededor de la esbelta cintura de Elyn, impidiéndole dar un solo paso hacia atrás.
—Es real, Berlyn. Mírame a los