—Te lo explicaré… Te lo explicaré todo luego, Alessandro, por favor, ahora no —alcanzó a decir Bianca con la voz quebrada. El pánico se le había instalado en la garganta, dejándole un sabor amargo y seco. Intentó dar un paso hacia atrás, buscando desesperadamente un centímetro de espacio para respirar, para ordenar sus pensamientos, pero la inmensidad de la cocina parecía haberse reducido a un callejón sin salida. —No hay un luego, Bianca. Me lo vas a decir ahora mismo —le exigió él, implacable. Alessandro no cedió un solo milímetro. Dio un paso al frente, acorralándola por completo contra la encimera de granito frío. Su tono de voz, bajo y cortante, no admitía réplicas, titubeos ni más demoras. Era la voz del hombre que destruía imperios con una orden, pero esta vez, toda esa fuerza demoledora estaba dirigida exclusivamente hacia ella. —Mírame a los ojos y dime la verdad —sentenció, clavándole una mirada tan oscura que a Bianca le dolió el pecho. En ese preciso instante, mil cos
Leer más