El impacto de la palabra resonó en la cabeza de Bianca como el eco de una explosión. Sentía los oídos tapados y el aire congelado en sus pulmones, pero su instinto de supervivencia, forjado en los años más duros de su vida, la obligó a sostener la máscara un segundo más. Soltó una risa forzada, carente de toda gracia, intentando desesperadamente mostrar indignación en lugar del pánico absoluto que la estaba consumiendo.
—¿Una... una qué? —tartamudeó Bianca, dando un paso atrás, forzando una e