El desayuno continuaba entre risas bajas, manos que se rozaban sobre el mantel y gestos de una ternura tan inédita que el personal de la mansión se movía con extrema cautela, temiendo romper el encanto. Sentada frente a él, Bianca seguía flotando en su propia nube de felicidad, completamente entregada al idilio de la mañana. Sin embargo, en el umbral del gran comedor, la atmósfera se sentía extrañamente densa. Alan permanecía allí, de pie y con la espalda rígida, observándolos. No apartaba la v