El salón principal del hotel parecía sacado de una revista de lujo. Sobre las enormes mesas de madera oscura se acumulaban muestras de porcelana fina, catálogos de arreglos florales traídos desde el extranjero y carpetas con planos detallados de la distribución del banquete. Cada pequeño elemento había sido elegido para transmitir perfección: las flores exactas, los colores exactos, la iluminación exacta. Todo debía ser impecable. La boda del heredero Riva no podía permitirse ningún error. Para cualquiera que observara aquella escena desde fuera, aquello representaba poder, riqueza y prestigio. Para Emma, en cambio, era otra cosa. Era una habitación llena de recordatorios de una vida que no había elegido. Llevaba más de cuatro horas sentada frente a Alan revisando detalles que parecían no terminar nunca. Cambios en la lista de invitados, ajustes en los horarios de los proveedores, problemas con la decoración y pequeñas decisiones que, según todos, eran esenciales para que la c
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