La mansión Riva permanecía despierta a pesar de la hora. Los pasillos estaban iluminados con una tenue luz amarilla, el personal entraba y salía en silencio ultimando los preparativos de la boda y, detrás de aquella calma cuidadosamente mantenida, todos parecían contener la respiración. Al amanecer, la familia más poderosa de la ciudad celebraría el enlace entre Alessandro Riva y Emma, un acontecimiento destinado a ocupar las portadas de todos los medios. Nadie imaginaba que, mientras los floristas terminaban los últimos arreglos y los organizadores repasaban el protocolo por enésima vez, el verdadero peligro ya se encontraba dentro de la casa.En el despacho privado de Alessandro solo permanecía encendida la pantalla de su computadora.Llevaba horas revisando documentos, comparando fechas, verificando firmas y haciendo copias de seguridad de cada prueba que había reunido contra su abuela. No podía permitirse el menor error. Si alguno de aquellos archivos desaparecía, si alguien conse
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