El silencio en el apartamento de Lola solía ser un refugio modesto pero seguro contra el caos ensordecedor del mundo exterior, pero aquella tarde de bruma densa se sentía como la antesala asfixiante de un naufragio inevitable.
Bianca estaba sentada frente a la pequeña mesa redonda de la cocina, con la luz pálida de una lámpara de escritorio parpadeando rítmicamente sobre un sobre de manila de aspecto inofensivo que acababa de deslizarse con un eco seco por debajo de la puerta principal. No te