El salón principal del hotel parecía sacado de una revista de lujo.
Sobre las enormes mesas de madera oscura se acumulaban muestras de porcelana fina, catálogos de arreglos florales traídos desde el extranjero y carpetas con planos detallados de la distribución del banquete. Cada pequeño elemento había sido elegido para transmitir perfección: las flores exactas, los colores exactos, la iluminación exacta.
Todo debía ser impecable.
La boda del heredero Riva no podía permitirse ningún error.