Al día siguiente, Samyra despertó con una calma extraña, distinta a la ansiedad que la había acompañado durante meses.No era paz completa, pero sí una especie de claridad nueva, como si por fin hubiera dejado de moverse a ciegas.Sobre su escritorio estaban los apuntes del profesor Duncan, cuidadosamente organizados.Había pasado horas estudiando la guía la noche anterior, revisando cada anotación, cada detalle del examen que se acercaba.Aquello era su ancla. Su forma de no perderse en medio del caos.“Puedo estudiar con libertad ahora”, pensó mientras cerraba el cuaderno.“Omar cree que solo estoy actualizándome… pero esto es mucho más que eso”.No era solo estudio. Era supervivencia.Era su plan silencioso.Por la tarde, eligió su ropa con más cuidado del habitual.Dudó varios minutos frente al armario.Finalmente eligió un vestido largo color dorado, elegante, que rara vez usaba. Sobre él colocó un velo de tono más claro, delicado, casi etéreo.Cuando se miró al espejo, se detuvo.
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