Cuando Samyra y Omar regresaron de su luna de miel, parecía que la felicidad había encontrado, por fin, un lugar permanente en sus vidas.La mansión, que durante años había sido escenario de lágrimas, discusiones y silencios dolorosos, ahora estaba llena de risas infantiles.Los pequeños jugaban en la alfombra, gateando, bajo la atenta mirada de sus abuelos, quienes los consentían sin descanso.Omar observaba la escena con una sonrisa tranquila mientras Samyra no podía evitar emocionarse al ver cómo sus hijos crecían rodeados de amor, exactamente como siempre había soñado.Aquella paz era el regalo más valioso que la vida podía ofrecerles.Sin embargo, la alegría no terminaba allí.Unas semanas después llegó un día muy esperado por toda la familia.Era la boda de Nassira.***En la elegante suite nupcial del hotel más exclusivo de Dubái, un grupo de mujeres terminaba los últimos preparativos.El vestido blanco de Nassira caía con delicadeza hasta el suelo, bordado con finos hilos de pl
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