Por la noche.Aníbal permaneció sentado junto a la cama durante varios minutos, incapaz de apartar la mirada de las dos personas que ahora daban sentido a toda su existencia.La tenue luz de la lámpara iluminaba el rostro sereno de Elise, mientras la pequeña Adara dormía plácidamente en su cuna, abrazando uno de sus pequeños ositos de peluche.Aún le costaba creer que aquello fuera real.Después de tantos años de dolor, de culpa y de pérdidas, por fin podía contemplar a su familia reunida.Se levantó con cuidado para no despertarlas.Primero se acercó a la cuna.Observó el diminuto pecho de Adara subir y bajar con cada respiración. Sus pequeños labios estaban entreabiertos y una de sus manitas descansaba junto a su mejilla.Sonrió con ternura.Apagó la lámpara y se metió a la cama con Elise, ella se abrazò a su cuerpo.Èl la estrechó con fuerza, como si quisiera convencer al destino de que nunca más volvería a arrebatársela.—Te amo... —susurró.—Yo también.Ninguno necesitó decir nada
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