Aníbal no pudo contenerse.La revelación lo atravesó como una descarga brutal, imposible de asimilar sin romper algo por dentro.No fue solo enojo. Fue una mezcla peligrosa de incredulidad, decepción y un dolor tan profundo que le dificultaba respirar con normalidad.En un impulso desesperado, tomó a su madre por los brazos. No midió la fuerza. No midió nada.La sacudió con violencia, como si intentara arrancarle una verdad que no encajaba en el mundo que él había construido.—¿Cómo puedes hacerlo? —explotó con la voz quebrada—. ¿Cómo puedes ser tan perversa?Sus manos temblaban, pero no la soltaba.Por un instante, su mirada se perdió, como si intentara encontrar en el rostro de su madre algún rastro de humanidad que justificara lo que acababa de escuchar.—Fuiste tú… —murmuró, más para sí mismo que para ella.La soltó de golpe.El contacto le resultó insoportable, como si lo hubiera quemado por dentro.Retrocedió dos pasos. Su respiración era irregular, entrecortada. Algo en su pecho
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