Luna El coche subió hasta donde pudo. El resto, fue él quien me guió de la mano. La calle de adoquines, el silencio de la parte alta del barrio, la brisa fría de la madrugada golpeando la piel sudada después de la fiesta. Él caminaba rápido, mano en la mía, los ojos siempre atentos. Y yo iba detrás, medio mareada todavía por la bebida, las ganas, su presencia. La casa era discreta, muro bajo, portón de hierro, pero por dentro… era puro contraste. Grande, limpia, con todo en su lugar. La energía era otra. Pesada. Caliente. En cuanto cerró la puerta detrás de nosotros, dejó la llave en la encimera y me miró con los ojos ardiendo. —Quítate ese vestido —dijo él. Sonreí de lado, desafiándolo con la mirada. Él dio dos pasos, agarró mi barbilla con fuerza y rozó sus labios en mi oído. —¿Estás pidiendo que rasgue ese vestido de tu cuerpo? —preguntó él. Sin responder, me di la vuelta, aparté el cabello hacia un lado y bajé el cierre despacio. Sentí su mirada quemando mi espalda. Solté e
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