Por supuesto que después del sexo no me quedé en el penthouse; aún seguía furiosa con él.Cuando entré a casa, arrastrando los pies, con el cuerpo adolorido y la mente hecha un desastre, solo pude pensar en lo bien que me sentía cuando estaba a su lado.Mierda, me convertí en una masoquista.Cada músculo adolorido me recordaba las horas calientes que pasé en el penthouse, las discusiones, las reconciliaciones y todo el torbellino emocional que era Holden Somerset.Sabía que estaba mal, pero no podía evitar sentirme así.Lo único que quería era un poco de agua, esconderme en mi cama y olvidar que el mundo existía.Al menos por unas horas.Sin embargo, eso sería un poco complicado de lograr, ya que Amira, quien estaba en el sofá hojeando una revista de modas, cruzó las piernas y soltó un largo suspiro.—Ah, eres tú, Adara... —habló sin levantar la vista y con una expresión de desinterés absoluto—. La hermana pródiga por fin se dignó a aparecer... ¿Ya te cansaste de dar lástima en la fam
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