Capítulo 50 — Dios, Adara, lo siento.
Holden se quedó paralizado, mirando a Bianca como si hubiera visto un fantasma.
O al amor de su vida... Seguía sin definir muy bien eso.
Ella, por su parte, brillaba con una sonrisa que describía perfectamente sus sentimientos aún existentes por mi mejor amigo... Mientras que yo seguía ahí, sentada como una idiota, invisible y con el café frío escurriéndome por la camisa.
M∆ldición, ¿cuánta humillación más tengo que pasar?
—Holden, me da tanta alegría encontrarte aquí... No sabía que visitabas