El informe de Marcos llegó cuatro días después.Dante lo leyó sólo, en el despacho, antes de que Valentina bajara esa mañana. Cuando ella entró con el café y lo vio con esa expresión que tenía cuando algo no encajaba con lo que esperaba encontrar, dejó la taza sobre la mesa y esperó.—Marco Ricci —dijo Dante, sin preámbulo.—¿Quién es?—El padre de Elena. —Dante giró el informe hacia ella. —Marcos tardó cuatro días porque el hombre es cuidadoso. Dos empresas legales perfectamente en orden, sin nada que un inspector pudiera cuestionar. Pero debajo hay una red de contactos en el mundo criminal europeo que lleva décadas construyendo.Valentina tomó el informe y lo leyó despacio.—¿Mafioso? —preguntó.—Sin estructura propia. —Dante la miró. —Más bien un intermediario. Alguien que conecta actores distintos, facilita operaciones, mueve información entre organizaciones que no quieren contacto directo entre sí.—¿Trabajó con alguno de los nuestros?—Con dos de los albaneses, hace años. Antes d
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