A la mañana siguiente, Fernando salió a trabajar como de costumbre. Antes de irse, se despidió de Verónica y de su hijo con un beso rápido, sin imaginar todo lo que ocurría a sus espaldas.Verónica observó cómo él se alejaba y, apenas escuchó cerrarse la puerta principal, una sonrisa de satisfacción apareció en su rostro. Caminó lentamente por la enorme sala de la mansión, disfrutando de la tranquilidad y de la vida lujosa que había conseguido.Sus planes seguían firmes.Gracias a Marlon, había logrado mantener a Isabella en coma por más tiempo y, mientras eso sucediera, nada pondría en riesgo la vida perfecta que tanto había luchado por construir.Su hijo apenas ocupaba espacio en sus pensamientos. El pequeño era atendido por niñeras de tiempo completo, ya que Verónica nunca había nacido para ser madre. Lo único que realmente le importaba era el dinero, el poder y las apariencias.Ella quería tenerlo todo.Una vida perfecta, una posición privilegiada y un hombre exitoso que le bri
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