Cuando Fernando llegó al hospital, encontró a la madre de Isabella afuera de la sala de cuidados intensivos, completamente destrozada.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas y sus manos temblaban sin parar.
Fernando entró lentamente a la habitación y, al ver a Isabella conectada a varios aparatos, con un respirador cubriendo parte de su rostro y el cuerpo lleno de golpes, sintió que el mundo se le venía abajo.
Sus piernas perdieron fuerza y cayó de rodillas frente a la cama.
Por primera vez ente