La convocatoria fue a las diez de la mañana.Henrik había citado a los medios en el jardín de la mansión, frente a la escalinata donde la noche anterior todo había estallado. Las guirnaldas de flores seguían colgadas. Las velas seguían en sus candelabros, ahora apagadas. Era el mismo escenario, pero la obra había cambiado.Me quedé dentro, junto a una de las ventanas del salón. Henrik me había ofrecido estar a su lado, pero yo preferí esperar. Aquel era su momento. Su declaración. Su verdad.Los periodistas llenaban el jardín. Eran muchos más que la noche anterior. Cámaras, micrófonos, grabadoras. Todos querían la versión oficial del heredero Blackwood después del escándalo que había paralizado la ciudad anoche.Henrik apareció en la escalinata. Llevaba un traje oscuro, pero sin corbata. Parecía tranquilo. Pero yo conocía esa expresión. Henrik no estaba tranquilo. Henrik estaba decidido.—Buenos días —dijo, frente a los micrófonos—. Gracias por venir.Los periodistas se callaron. Las
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