La habitación VIP del hospital que el CEO Ivanov, había reservado para su mujer y su hijo, estaba sumida en una tranquilidad absoluta. La tenue luz de la tarde entraba por los grandes ventanales, iluminando a Katherina, que descansaba con el recién nacido dormido entre sus brazos. Desde que había terminado el parto, Rodrigo Ivanov, no se había separado de ellos ni un solo minuto. Mas su teléfono no había dejado de sonar. Consejos de administración. Directivos. Empresarios. Ministros. Todos querían hablar con el CEO. Pero él rechazó cada llamada con la misma respuesta. — Reprogramen todo. — Señor, hay asuntos urgentes... Decisiones que tomar, contraria que firmar. — Mi esposa acaba de dar a luz a mi hijo, el futuro heredero del conglomerado internacional Ivanov, no voy a atender a nadie en este momento, el que lo entienda, bien, el que no que ya no vuelva a llamar. Está bien, jefe. — Nadie insistió más Si Rodrigo Ivanov, daba una órden, el mundo simplemen
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