Dos herederos, dos mejores amigos.
La habitación VIP del hospital que el CEO Ivanov, había reservado para su mujer y su hijo, estaba sumida en una tranquilidad absoluta.
La tenue luz de la tarde entraba por los grandes ventanales, iluminando a Katherina, que descansaba con el recién nacido dormido entre sus brazos.
Desde que había terminado el parto, Rodrigo Ivanov, no se había separado de ellos ni un solo minuto.
Mas su teléfono no había dejado de sonar.
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