El silencio que quedó después del compromiso no fue incómodo… fue denso. De esos que no presionan, pero sí obligan a pensar. Esmeralda aún sentía el peso de lo que acababa de aceptar, no como una carga, sino como algo que debía acomodar dentro de sí sin perderse en el proceso. Don Maximiliano la observó unos segundos más, como si midiera no su reacción, sino su fortaleza. Y entonces habló de nuevo, rompiendo esa quietud con algo mucho más inmediato.—No hay tiempo para procesar lentamente, Esmeralda —dijo con firmeza—. La gala es este viernes.Ella parpadeó, sorprendida. —¿Este viernes? —repitió, sin ocultar el impacto—. Pero… hoy es martes.—Precisamente —respondió él sin titubear—. En este mundo, el tiempo nunca es suficiente. Se actúa o se pierde ventaja.El ritmo cambió en ese instante. Ya no era solo emocional, era estratégico. Rápido. Preciso. Sin margen de error.—Mañana irás a elegir todo lo necesario —continuó—. Vestido, joyería, imagen, presencia. Todo
Leer más