Narra: AlexanderEl búnker era una jaula de acero y datos que apestaba a historia antigua y a traición recién horneada. Julian Cavendish, el hombre que creía haber orquestado el tablero del imperio, permanecía en el centro del recinto, con la pistola táctica aún en mano, pero con la mirada de un colateral cuya deuda ha superado su capacidad de pago. Mi fijeza asesina no vaciló ni un segundo; mi cuerpo, tenso como un resorte, se interpuso entre él y Amelia, reclamándola como mi propiedad territorial antes de que cualquier bala rozara su traje sastre blanco.—Baja el arma, Julian —siseé, mi voz un gruñido ronco que resonó en el metal de las paredes, cargado de una soberbia dinástica que no admitía réplicas.Amelia, a mi lado, no se inmutó. Su soberbia de reina de los Broderick se mantenía inalterable, su mirada gris una daga de hielo que desmantelaba la máscara de Cavendish.—¿Creíste que el "activo fallido" se arrodillaría ante su mentor? —preguntó ella, dando un paso adelante, sin imp
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