Narra: Amelia
El frío gélido de los Alpes suizos se coló por la rampa neumática del jet privado de Phoenix Capital, golpeando mi rostro con la contundencia de un dictamen financiero irreversible. Sin embargo, el verdadero escalofrío que me vació los pulmones de aire no respondía al clima de Ginebra, sino a la silueta que permanecía de pie sobre el asfalto de la pista privada. Mirar a la mujer que me esperaba junto a la limusina blindada era como carear un espejo maldito diseñado por la vieja gu