Narra: AlexanderEl motor del Maserati se apagó con un siseo ahogado, dejando que el silencio gótico de la Selva Negra se tragara el último rastro de nuestra huida de Basilea. Frente a nosotros, el refugio de piedra y acero reforzado emergía de la neblina helada como un búnker de alta costura, una propiedad perimetral que yo mismo había borrado de los registros públicos de Baden-Baden hacía tres años. A mi lado, Amelia no esperaba a que Miller abriera la portezuela blindada; se bajó del coche con una parsimonia soberbia, arrastrando la seda negra de su vestido roto sobre la nieve virgen como si estuviera cruzando la alfombra roja de una pasarela de ejecución en la City de Londres.La atrapé del brazo antes de que diera tres pasos hacia la entrada, mi agarre ruda y territorial obligándola a encajarse contra mi pecho ancho. Sentí el pulso violento de su respiración contra mi chaleco, una cadencia salvaje que delataba que la adrenalina criminal del exilio la tenía tan encendida como a mí
Leer más